domingo, 18 de agosto de 2013

Lectura de "Naomi", por Junichiro Tanizaki


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     Junichiro Tanizaki desarrolló una fobia a los terremotos luego de haber experimentado la destrucción de la casa en donde vivió sus primeros años de vida. Un devastador movimiento telúrico, con epicentro en la bahía de Tokyo, confrontó al niño de ocho años a un suelo -esa superficie bajo nuestros pies a la que confiamos siempre estar ahí para sostener cada uno de nuestros pasos- inestable, de una violencia repentina, que se lleva a cabo sin previo aviso. Probablemente el niño Tanizaki haya escuchado historias, experiencias de otros tiempos en los que algo así hubo de ocurrir en otro tiempo, quizá lejano. La pregunta taladrante que probablemente surgió en la mente del joven es: ¿Por qué permanece la gente en un lugar del cual saben será sacudido nuevamente, trayendo miseria y tristeza una vez más? No me parece coincidencia la elección del tema en "Naomi"; ¿no es ella un suelo del cual se tiene información vaga? ¿no es ella un suelo en el cual Jôji se apoya? ¿no es  Naomi el suelo -y subsuelo- de Japón(metafísico)?

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     Después de la Primera Guerra Mundial, casi en el inicio del intercambio comercial y cultural que más tarde habrá de hacer emerger el término globalización, Tanizaki enfoca su atención en la problemática que progresiva e inevitablemente se va desencadenando en la psique de los japoneses. Anticipa los conflictos venideros en los habitantes de su patria. Quizá por primera vez en su historia, Nippón se dividirá en dos: los japoneses que desean continuar con la tradición, lo que se les ha enseñado sobre el respeto, la dignidad, la economía, el honor; y los japoneses que se dejarán encantar por lo extranjero, particularmente la manera de trabajar, de moverse por el mundo, de vestir, hablar y manifestar la personalidad individual hacia los demás.
      痴人の愛(Chijin no Ai) -más precisamente, el título de la novela es: El Amor de un Tonto o El Amor de un Capullo- se publicó en 1924, cuando Junichiro rondaba los treinta y ocho años; mas no consideremos su capacidad para intuir el drama por venir como una magia, desde muy joven empezó a escribir. Fundó una revista literaria a los veintitres años. Un tío suyo era dueño de una imprenta. Hay elementos a su alrededor que lo invitan y seducen a escribir. Además, luego de su primer matrimonio fallido con Chiyoko, las experiencias negativas que brotan de una relación en pareja no eran nuevas para él cuando decidió deslizar su pluma para trazar los símbolos que, en conjunto, conforman la obra de la que ahora nos dedicamos a hacer referencia. Hubo un momento de su vida dedicado a la escritura de guiones cinematográficos. Para comprender la totalidad de su obra y entenderlo a él como persona, una conexión para con el Cine, la Imagen, es necesaria. Dos años antes de publicar "Naomi", él mismo se mudó a un lugar menos Oriental, habitando brevemente una casa de estilo Occidental, desplegándose como bohemio. 
     A causa de un nuevo terremoto, optó por mudarse a Kyoto, en donde tras la pérdida de construcciones y templos históricos en Tokyo, en conjunto con el colapso de barrios enteros, pensó profundamente sobre su identidad como japonés, la identidad de el japonés en general. Así fue redirigida su atención de vuelta a la estética y cultura japonesa; de si acaso realmente era él también alguien a quien le tocara aspirar a la modernidad. Esa dualidad se manifiesta en "Naomi" como en conflicto psíquico que le provoca Naomi al personaje principal(Jôji): un hombre japonés educado tradicionalmente, para quien el trabajo es un elemento indisociable de su vida y para quien la relación que emprende con Naomi carga con una expectativa tradicional, que no debe llevar a cabo ningún esfuerzo de su parte por moldear para que las cosas se den bien por su cauce. Y no sólo el conflico que siente Jôji, sino la misma Naomi, de quien quizá nadie tiene el derecho para realizar un juicio despectivo o tajante contra su comportamiento.

     "Voy a intentar referir los hechos de nuestra relación conyugal exactamente como sucedieron, con toda sinceridad y franqueza. [...] "estoy seguro de que también mis lectores la encontrarán instructiva. A medida que el Japón se hace cada día más cosmopolita, los japoneses y los extranjeros se mezclan con entusiasmo; se introducen toda clase de doctrinas y filosofías nuevas, y lo mismo hombres que mujeres adoptan las últimas modas occidentales. Sin duda, siendo los tiempos como son, el tipo de relación marital que hemos tenido, hasta ahora nunca visto, empezará a aparecer por todas partes."

     Jôji visitaba un Café cuando conoció a Naomi, quien era camarera. Rondaba los quince años, y él los veintiocho. En aquél entonces la minoría de edad de la chica, en Japón, no era un problema para contraer matrimonio. A él le interesó, en primer instante, el nombre: Naomi. Pensó que escrito con letras latinas, pudiera pasar por nombre occidental. A pesar de poder existir un contraste entre los japoneses que siguen una vida tradicional y los que no, aquí se nos muestra a Jôji como un japonés curioso, quien todavía no experimenta el sufrimiento que esa curiosidad le traerá. Jôji ya estaba en cierta medida interesado en la cultura occidental. Trabajaba para una compañía eléctrica como ingeniero, y una vez le comentó a Naomi que se parecía a una actriz occidental, parecido que hacía a ambos muy felices. Intimaron cada vez más, hasta el punto en que decidieron casarse. Según entiendo, es responsabilidad del marido comprarle un kimono de excelente calidad a su mujer, y con el sueldo de Jôji, más el dinero que le proveían sus padres, no sólo le cumplió el capricho de comprar uno, sino varios en distintos intervalos. Se daba cuenta Jôji de Naomi, que "la mala cuna y la mala crianza no se pueden ocultar." Ella deseaba aprender música, inglés, entre otras cosas; Jôji, alegre, le pagaba los cursos a los cuales no atendía. Se encariñó con ella de tal forma: "poco a poco había ido arraigando en mí la idea de que Naomi era la única mujer con la que se me ocurriría casarme, y que, incluso aunque hubiera otra persona, ahora ya no podía abandonarla." El 5 de noviembre: "Esta noche hemos querido estrenar la bañera europea. Como no está acostumbrada, Naomi se ha resbalado y se ha dado la vuelta, chillando de risa. Cuando yo he dicho ¨bebé grande¨, ella me ha llamado ¨Papi¨." 
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     Muy pronto en el matrimonio entre Naomi y Jôji se vuelve comprensible que "ya fuera porque había sido así desde el principio o porque yo la hubiera echado a perder, estaba claro que su carácter insolente y caprichoso iba a peor con el tiempo." Jôji "había elegido mal; no era tan inteligente como yo esperaba. Por mucho que quisiera, no me lo podía seguir negando." / "Estaba resignado a la situación: la mala cuna es la mala cuna; una chica de Senzoku vale para camarera de café, y nada se consigue dando educación a quien no la puede aprovechar. Por ese lado abandoné mis ambiciones. Pero al mismo tiempo su cuerpo me atraía cada vez con más fuerza." Como dije antes, Naomi no acudía a sus clases de música ni de inglés. La narrativa nos va dando pistas sobre qué es lo que hace exactamente en realidad. Durante un viaje a la playa, conoce a varios tipos a quienes comienza a frecuentar a escondidas. A Jôji parece no importarte: "El hombre que se deja engañar, aun a sabiendas de que se está destruyendo a sí mismo, lo hace porque es pusilánime." / "Se dice muchas veces que las mujeres engañan a los hombres. Pero por mi experiencia yo diría que no es la mujer que empieza engañando al hombre; más bien es él quien, sin que nadie lo obligue, disfruta siendo engañado; cuando se enamora de una mujer, todo lo que ella diga, sea verdad o no, suena adorable en sus oídos." 
     Resulta ser muy tarde para Jôji cuando se entera de lo siguiente: "Está bien dar confianza a la mujer que amas, pero el resultado es que pierdes confianza en ti mismo. Y cuando eso sucede, no hay manera de vencer su sensación de superioridad. Entonces vienen las desdichas que no pudiste imaginar." Se resigna: "Ya antes había notado yo que Naomi empezaba a aburrirse de la vida que llevábamos. [...] por muchos juegos que pudiéramos jugar juntos, era natural que llegara a aburrirse." Practicamente todos los aspectos de responsabilidad de Naomi empiezan por decaer. Encarga todas sus comidas y deja de cocinar. Ya empieza a infiltrarse en ella esa noción occidental de no poder soportar la soledad: "-Lo he pedido precisamente porque estaba sola -decía-. Es una lata tener que cocinar -y se repantigaba en el sofá con el gesto torcido."
     "lejos de ir apartando dinero, iba vaciando mi cuenta de ahorro, y poco a poco todo lo que había acumulado en mi soltería se consumió. El dinero se va deprisa cuando lo empiezas a usar; en esos tres o cuatro años agoté mis ahorros, hasta que desapareció el último céntimo." Frecuentan bailes y de la boca de Naomi salen palabras inimaginables para una japonesa tradicional: "Siempre hay que ir vestido correctamente, aunque seas el único que lo hace." La vida conyugal se va desmoronando: "mentiras múltiples, un plan meticulosamente urdido y quién sabe cuántos cómplices."/ "He dicho que la señorita Naomi me engañó, pero lo cierto es que fue mi propia estupidez."

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     "No debo ver más películas occidentales, me dije."

     En términos simples, a lo que Tanizaki parece aspirar es, a dar un recuento de su experiencia con el propósito probable de advertir a quienes vayan a emprender una relación similar a la suya. Una relación en la cual la mujer gana tanto poder sobre el hombre, que el hombre pierde la confianza en sí mismo, sus finanzas se quiebran, su identidad y solidez desaparecen y queda a merced de los caprichos de Naomi. La cultura japonesa tradicional, junto con sus religiones, no tiende hacia la acumulación de riquezas. El esfuerzo colectivo de siglos enteros de prueba y error se van sistemáticamente desplomando a razón de dos cosas: la introducción de la cultura occidental y la curiosidad del individuo oriental. En la frontera entre la cultura Oriental y la Occidental, habrá quienes como Jôji, quedarán atrapados. Si en otro momento, después del terremoto, no había ningún problema en reconstruir la ciudad, corrigiendo los errores cometidos en la versión anterior; ahora ellos, quienes no son capaces de volver a su cultura tradicional, se sentirán excesivamente abrumados por la devastación. Ya no poseerán la fuerza interior, el yo sólido forjado por la cultura japonesa, para trabajar por el bien común.

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O.G.C.

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